La enormidad donde nadie oye mi voz

¿Cuántas veces en la vida habré mentido por miedo al daño que podría causar la verdad? Infinitas. Infinitas hasta que me di cuenta de que acaba doliendo más el hecho se haber ocultado esa ‘dolorosa’ verdad que la verdadera historia en sí, o esa realidad. En cierto modo solo sebemos recurrir a la empatía, si nos llegan y nos dicen una supuesta verdad y al cabo del tiempo nos enteramos de otra verdad totalmente diferente te sientes como un truño, aunque más adelante intentes confiar en la persona va a haber algo en tu interior reprimiendote y te dirá a cada intento ‘Relaja, ¿a caso no te acuerdas de aquella vez en la que…?’. Puede que sea más fácil perdonar que olvidar y hacer borrón y cuenta nueva. Por eso, por mera empatía y por las circunstancias de la vida dejé de mentir al menos a las personas que me han demostrado que debo mostrarme tal cual, sin dobleces, no vale ser alguien que no eres ni serás ni hacer algo de lo que te podrás arrepentir. Porque al final la mierda siempre sale a la superficie y provoca más repercusión que la que podría haber causado al principio.